El problema
Llevaba años formándose, entendía a las mujeres que quería acompañar y tenía un método detrás. El fallo no estaba en el qué, sino en el cómo: cada vez que iba a contar algo, le daba tantas vueltas que se bloqueaba y acababa diciendo la mitad.
Al hablar a cámara, el miedo iba por delante de sus palabras, y la gente no llegaba a ver todo lo que sabía hacer.
Había apostado su estabilidad por este proyecto, pero su manera de mostrarse estaba dejando ese valor escondido.








