El problema
Tenía energía y ganas de crecer, pero le faltaba criterio para comunicarse. Reaccionaba sin pensar y le costaba leer el contexto antes de hablar.
A los 26 años, trabajando en un hotel, llamó a una agente de viajes para que avisara a unos huéspedes de que pasaran por la mesa de hospitalidad. Usó una frase que había leído en un libro, pensando que generaría colaboración, la agente lo interpretó como una acusación y presentó una queja formal. Aldo perdió el trabajo.








