El problema
Cuando alguien se acercaba a hablar con ella, respondía poco y dejaba que la conversación muriera.
Los silencios se hacían incómodos, la otra persona se alejaba y ella volvía a quedarse sola. Ese patrón se repitió durante años hasta que en su último año de colegio llegaron varios momentos difíciles a la vez y no tenía a nadie a quien llamar.








