El problema
En entrevistas se bloqueaba, las respuestas salían pobres y sin impacto, y él mismo notaba que no estaba mostrando lo que podía aportar.
En la calle pasaba igual: si quería conocer a alguien, bajaba la mirada y seguía caminando.
La puerta a la conversación nunca se abría porque era él quien la cerraba antes.








