El problema
Cuando quería hablar con alguien, algo le paralizaba por dentro.
Continuamente veía la oportunidad, quería aprovecharla y al final no decía nada.
Cada vez que se quedaba en silencio se autoconvencía de que era mejor quedarse al margen.
Así hasta que su relación de un año terminó. No por una pelea, no por una traición, sino porque nunca supo cómo comunicar lo que sentía.
Se quedó solo, sin rumbo, con la sensación de tener que empezar de cero a los 21 años.








