El problema
En primaria pidieron voluntarios para delegada de clase; ella quería, pero no levantó la mano. En el instituto, voluntarios para el discurso de graduación; lo deseaba, y tampoco la levantó. En la universidad ya ni se lo planteó.
Ese mismo freno la siguió hasta sus negocios. Llevaba muchísimo tiempo sin publicar nada: no sabía qué quería decir ni cómo decirlo, y su propia voz le sonaba pequeña cuando se imaginaba hablándole a una cámara o a un público. Tenía mucho que ofrecer, pero se quedaba callada.








