El problema
En cada conversación nueva sentía que los demás conectaban y ella se quedaba fuera, mirando desde un paso de distancia sin saber cómo acortar ese espacio.
El miedo a no gustar y ha hablar “mal” la alejaba de mostrar quien era.
En cada conversación nueva sentía que los demás conectaban y ella se quedaba fuera, mirando desde un paso de distancia sin saber cómo acortar ese espacio.
El miedo a no gustar y ha hablar “mal” la alejaba de mostrar quien era.
Se ha mudado a una ciudad nueva sin conocer a nadie y ha construido un grupo de amigos desde cero.
Entra a una conversación sin sobrepensar cada palabra. Hace preguntas, escucha de verdad y la gente quiere acercarse a ella.
Elena Cortés Barrena tiene 25 años, es de Pamplona y trabaja como arquitecta. Una mujer con vida interior rica, criterio propio y capacidad de observación. El problema era que no sabía cómo sacarlo sin que el miedo la bloqueara.
Era más de escuchar que de hablar, no por elección sino por precaución. Pensaba cada palabra antes de decirla, y para cuando terminaba de pensarla, el momento ya había pasado. Eso la fue alejando de conversaciones, de grupos, de oportunidades de conectar con gente nueva.
Hace unos meses se mudó a una ciudad nueva. Sola sin conocer a nadie. Ese momento podría haber sido el más difícil. Con lo aprendido en ICO, fue el momento en que todo lo que había trabajado se puso a prueba de verdad.
“Aprendí a conectar conmigo misma y con los demás. A encontrar el punto medio entre los dos mundos.”
– Elena Cortés Barrena –
¿Por qué eligió ICO?
Elena buscaba dejar de sentirse fuera de las conversaciones en las que ya estaba.
Quería entender por qué algunos conectan con naturalidad y otros no, y si eso era algo que se podía aprender. La respuesta fue que sí.
Resultados logrados
Se mudó a una ciudad nueva sin conocer a nadie y consiguió construir un grupo de amigos desde cero.
Pasó de escuchar sin intervenir a tomar parte activa en las conversaciones sin sobrepensar lo que va a decir.
Aprendió a usar la escucha activa: no escucha más, escucha mejor. Hace preguntas, se interesa de verdad y eso hace que la gente quiera acercarse a ella.
Empezó a comunicar sus límites, algo que antes evitaba por miedo al conflicto.
Las personas de su entorno la perciben como alguien más abierta. Les sorprende la naturalidad con la que ahora conoce gente nueva.
Consciente del problema
Aceptó los puntos que quería mejorar y a partir de ahí pudo empezar a avanzar.
Ponerse a prueba
Mudarse sola a una ciudad nueva fue el contexto perfecto para aplicar todo lo aprendido. Sin red de seguridad, los cambios se vuelven necesarios, no opcionales.
Escucha como herramienta
Descubrió que conectar no es hablar más. Es escuchar de forma que el otro sienta que importa. Ese cambio transformó cómo la perciben los demás.
Ocupar espacio
El mayor cambio no fue externo. Fue dejar de sentirse fuera de su propia vida social y empezar a ocupar el espacio que ya le correspondía.