El problema
En las reuniones con su superior, el cuerpo respondía antes que la mente: ansiedad, pecho cogido, mente en blanco.
Y mientras esperaba a que llegaran las palabras, asentía una y otra vez.
El día que vio que el mismo patrón se repetía con su jefe, con su madre y con su ex pareja, entendió que tenía que cambiar algo de raíz.








