El problema
En las reuniones de trabajo, le costaba mantener la atención de un grupo sin bloquearse, y explicar conceptos técnicos a sus superiores se le quedaba a medias. En los intercambios de idiomas se le hacía cuesta arriba acercarse a hablar con alguien, no por falta de vocabulario, sino porque se quedaba en blanco sin saber qué decir.
A eso se sumaba otra cosa: decía que sí a todo. Cuando compañeros le pedían ayuda con problemas que no le correspondía resolver, no sabía cómo poner un límite, ni en el trabajo ni fuera de él.








