El problema
Desde fuera, Santiago comunicaba bien. Hablaba varios idiomas, explicaba matemáticas en la EPFL, se defendía en conversaciones técnicas.
Por dentro sabía que no era suficiente. Tenía ideas, ambición, mucho que decir. Pero no siempre encontraba la forma de que llegara con la fuerza que hacía falta. Y veía cómo personas con menos preparación que él abrían puertas simplemente porque sabían comunicar mejor.








