El problema
En presentaciones, la atención de la gente caía a los 20 minutos. Las reuniones se alargaban sin llegar a ningún sitio. Y cuando alguien del equipo no estaba abierto al cambio, no sabía cómo gestionarlo.
En una formación a perfiles mucho más veteranos que él, un asistente se dedicó a dinamitar la sesión. Santiago intentó ser asertivo. Se bloqueó. Perdió el hilo. Y las preguntas técnicas que no sabía responder le generaban una tensión que se palpaba.








