El problema
Sentía que no valía gran cosa comunicando delante de un grupo. Tenía ganas de destacar, pero cada vez que tenía que hablar o venderse delante de más de tres personas, le temblaba la voz y acababa saliendo mal.
Esto se hizo evidente cuando tuvo que presentarse delante de quince personas para decidir quién lideraría un proyecto universitario que le ilusionaba. Sabía que podía llevarlo. Pero a la hora de demostrarlo, no lo consiguió. Acabó siendo el candidato con menos votos.








