El problema
En una presentación delante de su tutor y varios profesores, con 17 años, se le secó la boca a mitad de la exposición. Una voz en su cabeza le dijo: «cállate, a nadie le interesa lo que tengas que decir.» Se quedó en silencio. Le cayó una lágrima.
Su tutor le puso un 10. Pero eso no cambió nada por dentro.








