El problema
Antes de ICO, los grupos grandes y las cámaras lo dejaban sin palabras. Se ponía tan nervioso que perdía el hilo de lo que quería decir, justo cuando más necesitaba tenerlo claro.
El momento que más le marcó fue durante una ponencia ante 50 personas, en la defensa de su tesis. Los nervios le hicieron olvidar por completo lo que había preparado. Y entonces llegó la frase que no ha olvidado nunca: una profesora le dijo, que a él ya no se le podía ayudar…








