El problema
Trabaja rodeado de gente en su propia barbería. Y, aun así, fuera de ese terreno conocido hablar se le hacía cuesta arriba: conocer a alguien nuevo le salía forzado, y soltarse delante de un grupo, casi imposible.
El golpe más duro llegó en la boda de un amigo. Tenía que decir unas palabras ante treinta personas, con sus conocidos entre el público, y los nervios se quedó en blanco delante de todos. Ahí entendió que saber hacer su trabajo no bastaba si no sabía manejarse con la gente.








