El problema
David hablaba alemán. No era eso lo que fallaba.
En grupos, en conversaciones con desconocidos, algo se cortaba. Lo que decía se quedaba en el aire.
Nadie lo recogía. Y él terminaba hablando solo para no quedarse en silencio.
David hablaba alemán. No era eso lo que fallaba.
En grupos, en conversaciones con desconocidos, algo se cortaba. Lo que decía se quedaba en el aire.
Nadie lo recogía. Y él terminaba hablando solo para no quedarse en silencio.
Hoy trabaja en el hospital que eligió, no el único que le aceptó, sino el que prefirió entre tres ofertas con la plaza en Urología.
En la entrevista con el jefe terminaron buscando sitios turísticos juntos en el ordenador.
Y donde antes no conseguía conectar, ahora tiene amistades que describe: “para toda la vida”
David Alejandro Haro Esparza tiene 30 años, es de Quito, Ecuador, y es médico posgradista en Urología en Alemania. Se mudó con un nivel A1 de alemán y durante un año trabajó como Au-Pair, lo que le dio una base sólida para el día a día. Fue mejorando el idioma con el tiempo pero cuando ese año terminó y se mudó por su cuenta, apareció un problema que no esperaba: en grupos, no era él mismo.
No era timidez. No era el idioma. Era que cuando estaba con desconocidos, su cabeza se llenaba de preguntas "¿qué le digo?, ¿cómo rompo el hielo?, ¿qué más pregunto?" y mientras pensaba, la conversación seguía sin él.
El momento que lo hizo decidir fue un viaje en coche. Sentado junto a una chica que no conocía, incapaz de mantener una conversación fluida durante el trayecto. Salió del coche sintiéndose incapaz de algo tan básico como ser él mismo delante de otra persona.
“Lo que decía se quedaba en el aire. Nadie me tomaba en serio. Ahora termino una entrevista de trabajo buscando sitios turísticos con el jefe y me ofrecen la plaza.”
– David Haro –
¿Por qué eligió ICO?
Acababa de obtener la aprobación como médico en Alemania y empezaba a postularse para conseguir plaza en Urología, una especialidad con mucha competencia donde, según le dijo una reclutadora, la experiencia quirúrgica no era lo único que contaba.
Sabía que en las entrevistas no bastaba con saber medicina. Necesitaba ser alguien con quien el jefe de departamento quisiera trabajar. Y en ese momento, en grupos y con desconocidos, no conseguía ser él mismo.
A su vez, había algo más. Llevaba tiempo atravesando el dolor de una ruptura que no conseguía soltar. Necesitaba algo que fuera más allá de las entrevistas y las conversaciones. Buscó el Método ICO y encontró más de lo que esperaba.
Resultados logrados
Le ofrecieron plaza en 3 de los 4 hospitales donde entrevistó y tuvo que cancelar las últimas entrevistas porque ya tenía donde elegir.
En la entrevista con el jefe de departamento terminaron buscando sitios turísticos juntos en el ordenador. Después supo que el jefe tenía mucho cuidado con a quién ofrecía la plaza.
Ha construido amistades en Alemania que no existían antes de las que él mismo describe como "para toda la vida".
Cuando algo no le apetece, lo dice. Antes no sabía decir que no sin que le costara. Ahora lo dice sin darle más vueltas.
En conversaciones con desconocidos ya no lleva la cabeza llena de preguntas sobre qué decir. Habla. Y la conversación fluye.
Entrar sin guión
Antes mientras pensaba qué decir, la conversación seguía sin él. Aprendió a hablar sin tenerlo todo preparado y la conversación se construye sola.
Ser él mismo
En grupos se volvía más pequeño, más calculado. Aprendió a entrar siendo el mismo de siempre con desconocidos, en entrevistas, en cualquier sitio.
Entrevistar diferente
Dejó de tratar las entrevistas como un examen. Las trató como una conversación y el jefe terminó enseñándole fotos de su viaje a Sudamérica.
Decir que no
Antes buscaba la forma de explicar cada negativa. Ahora dice que no sin rodeos y sin necesitar que la otra persona lo entienda.