El problema
No partía de cero: era abogada, dedicada a la asesoría jurídica y la docencia universitaria, y estaba cómoda en lo que hacía. Pero esa comodidad, con el tiempo, empezó a sentirse como un techo.
En un concurso estudiantil de su universidad. Se había preparado a fondo, pero ante compañeros y profesores se quedó corta: dio respuestas sin argumentos sólidos, sin decir todo lo que sabía. En ese momento la frustración la empujó a querer formarse en comunicación.








