El problema
Hace dos años vivió una situación de acoso laboral que cambió por completo su forma de comunicarse. Dejó de hablar en las reuniones, evitaba los comités y procuraba pasar desapercibida en cualquier situación donde tuviera que mostrar lo que sabía. No era capaz de mirar a los ojos a nadie con un cargo de autoridad.
Cuando la cambiaron de área, sus nuevos compañeros la veían callada y tímida, sin saber que detrás de ese silencio había alguien con mucho que decir. Hubo jornadas enteras en las que no habló con nadie.








