El problema
Vendía lo material: metros, ubicación, precio. Pura lógica, sin energía. Y los posibles inquilinos salían de sus apartamentos con la cara desconfiada, con las ideas más confundidas que cuando entraron. Veían un sitio en el que habían puesto expectativas altas, y se iban decepcionados.
Pasaba en todos los ámbitos. En el trabajo, hablaba de sus ideas y alguien le interrumpía antes de terminar. En su relación de cinco años, no sabía qué decirle a su pareja cuando ella se sentía mal. Llegó a pensar que así era él y que no había nada que hacer.








