El problema
En reuniones con el jefe de obra, él alzaba la voz, la interrumpía antes de que terminara y no había espacio para exponer lo que había acordado con el cliente. Marcela tenía el criterio. Pero no conseguía que llegara.
Lo mismo le pasaba en eventos de networking: se paralizaba, se quedaba sin conversación y las personas dejaban de hablarle en pocos minutos. Salía de esos lugares sintiéndose invisible.








