El problema
Al terminar el colegio en Italia, su profesora le hizo una pregunta para evaluar su nivel. Él sabía la respuesta. Pero por miedo a que el acento no fuera suficiente no respondió. La profesora le dijo a su madre que no estaba listo.
No era verdad, sin embargo, no había podido demostrarlo.
Esa misma historia se repetía continuamente en oportunidades de estudio, en trabajos, en relaciones.








