El problema
Con 8 años su agresor le dio a elegir: besar su zapato o recibir una paliza. Besó el zapato.
En la ESO siguieron los problemas. En casa le interrumpían y aprendió que callarse era más seguro que hablar.
Con 16 años quiso arreglar las cosas con la chica que le gustaba. Había preparado todo lo que quería decirle. Cuando llegó el momento, en la calle, solos los dos, no salió ninguna palabra.








