El problema
En reuniones proponía algo y sus compañeros respondían con “vas de graciosa”. Así que dejó de insistir. Dejó de hablar.
En la universidad evitaba cualquier asignatura que implicara exponer. Prefería suspender y recuperar antes que enfrentarse a una presentación.
En casa, cuando había un conflicto, se le cortaba la voz y terminaba explotando o encerrándose en su habitación.








