El problema
Cuando estaba con su grupo de amigos, acababa siendo el blanco de las bromas. No una vez. Sistemáticamente.
Sentía que tenía que reprimir quién era para ser aceptado. Fuera de ese círculo, veía grupos de personas por la calle a los que quería acercarse y no lo hacía.
Quería ofrecer sus servicios como mago y no sabía cómo pedirlo sin que le temblara la voz.








