El problema
A los 14 años era muy fan de Neymar. Se preparó una presentación que se sabía de memoria. Nada más terminar la primera diapositiva, se bloqueó. Se escucharon risas. No pudo continuar. Acabó llorando delante de toda la clase con esa vergüenza grabada para siempre.
Años después, en el trabajo y en la universidad, seguía pasándole algo parecido: la gente quería tenerle cerca, pero dudaban de su palabra. Le pedían repetirse. No le creían en lo más básico.








