El problema
Laura llevaba 3 años en Suiza. Extrovertida, sociable, hablaba con todo el mundo.
Pero en alemán, el idioma de su vida diaria, no se sentía ella misma. Evitaba situaciones donde pudiera equivocarse. No alzaba la voz en grupo.
Y por más personas con las que hablaba, al final de la semana nadie la buscaba para salir.








