El problema
Satisfacía los deseos de los demás antes que los suyos. No se hacía respetar. Callarlo todo era su mejor carta.
Esa etapa vació su autoestima hasta que casi no quedó nada. Y lo que empezó como un patrón en las relaciones personales se extendió a todo: el trabajo, las oportunidades, la forma en que se veía a sí mismo.








