El problema
No tartamudeaba. No se bloqueaba. Pero cuando había algo que decir, la mayoría de las veces no lo decía.
En reuniones, en conversaciones con clientes, en situaciones donde su opinión habría cambiado el resultado se quedaba callada.
Las oportunidades pasaban. Ella lo sabía. Y aun así, volvía a callarse la siguiente vez.








