El problema
Lo nombraron capitán por primera vez. Al hablar frente a todos se trabó, perdió el hilo y terminó sin cerrar nada. Sus compañeros dijeron que no habían entendido absolutamente nada. Y la mayoría soltó risas burlonas.
Meses después, propuso una estrategia de ventas en su empresa. Tenía los números, tenía la lógica, tenía el planteamiento. No lo aprobaron. No porque la estrategia fuera mala sino porque no supo exponerla.








